Lo reconozco, me gusta lo antiguo. O si lo prefieres lo podemos llamar vintage.
Da igual como lo llames, me gusta lo que ya no se lleva, me gustan las cámaras de fotos con carrete, la primera polaroid, esa que fue mi primera cámara de fotos y que hoy en día aún conservo. Me gustan las fotografías antiguas y en blanco y negro, y más si son de los lugares que conozco, me fascina lo mucho que ha cambiado todo, lo mucho que hemos cambiado.

Me gustan las máquinas de escribir en un mundo donde el movil y el ordenador se han convertido en parte de nuestro día a día, de mi día a día. Me gusta escribir cartas a mano, aunque lo haya cambiado por infinitos mensajes instantáneos, echo de menos demorarme en escribir una carta de varios folios, comprar un sello, echarla al buzón y cruzar los dedos para que no se pierda por el camino, y que todo lo que contiene (sueños, risas y confidencias) llegue a su destino. Me gusta contar los días y calcular la llegada de esa respuesta, mirar el buzón y rebuscar entre facturas y propaganda, ese sobre que es lo único que importa, abrir y leer con ansias tres folios que contienen más sueños, más risas y más confidencias.

Me gustan los libros, me gusta su olor y el tacto de sus hojas bajo mis dedos. Me gusta tener una parte de mi casa llena de diferentes historias queriendo salirse de sus hojas, de héroes y dragones, de villanos y princesas, antiguas y modernas.
Me gustan las historias de antes, esas que se cuentan en las sobremesas de invierno, con un cafe en la mano y la mirada perdida en los recuerdos. Me gustaban las tardes de lluvia en las que sentada en el sofa veía películas de Manolo Escobar con mi abuela sentada a mi lado.
Me gustan las historias en las que los niños jugaban con tabas, con canicas… y lo más atrevido que hacían era subirse a la parte de atrás del tranvía para volver a bajar de un salto antes de que este cogiera velocidad. Me gustan esas tardes en las que los niños jugaban a subirse a un árbol, los columpios eran de hierro y acabados en punta, las heridas de “guerra” se curaban con mercromina y con un beso lleno de amor y cariño. Me gusta cuando todo se simplificaba en: quedamos donde siempre a la hora de siempre,y cuando el sol empezaba a desaparecer todos volviamos a casa para cenar en família.

Me gusta la historia, me gusta saber que antes que yo, mas personas recorrieron mis pasos, me gusta saber que otros lucharon por lo que hoy disfrutamos y que nosotros luchamos por lo que nuestros hijos disfrutarán.
Me gusta la música, me gusta OBK y su “el cielo no entiende”. Me gustan los vinilos, el tocadiscos y dar la vuelta a una cinta de música con un boli bic.

Me gusta girar la bola mundi con los ojos cerrados y el dedo indice preparado para señalar ese minúsculo punto en el mundo al que me gustaría viajar.
Me gustan las brújulas y saber donde esta mi norte y mi sur. Me gustan los relojes de cuerda, los que festejan la hora con un tictac constante.

En definitiva me gusta todo lo que hace que mi imaginación este en alerta, todo lo que hacía soñar a nuestros padres y a nuestros abuelos. La vida nos la estan poniendo “tan fácil” que cada vez nos es más complicado soñar con un lapiz y un papel en blanco.

“Lo saben mis zapatos”

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