Y llegué a ti con prisas, con ganas de comerme el mundo, con muchos planes y con toda la energía de la que era capaz entonces y créeme que ¡era mucha! Pero todo ello me duró lo que dura un vuelo desde Biarritz hasta Stansted. Nada más aterrizar ya estaba “muerta” de miedo aúnque seguía teniendo muchas ganas de ver y de conocer.

Las primeras semanas y los primeros dos meses se me hicieron muy,pero muy cuesta arriba, apenas entendía el idioma, no era capaz de comunicarme y conocía más bien a poca gente. Y a pesar de todo me negué en rotundo a darme por vencida, sequé mis lágrimas, aparté el calendario donde iba tachando los días que me quedaban para volver a casa y me levanté cada día dispuesta a disfrutar, a conocer y a aprender. Casi sin darme cuenta fui conociendo cada calle, cada parada de metro, cada mercadillo y cada rincón de la ciudad y cuanta más conocía más me enamoraba y en más lugares dejaba un trocito de mi corazón.

Muchas mañanas me despertaba temprano, desayunaba, me guardaba un libro en la mochila y junto con Jazz una perra preciosa, me acercaba a uno de los inmensos parques de los alrededores y mientras ella jugaba o se sentaba a mi lado yo leía sentada bajo un árbol.

Siempre me gustó la sensación de pasar inadvertida, de ser una más en la ciudad. Mis rincones favoritos siempre han sido;

Trafalgar Square donde me podía sentar durante horas, mientras la gente va y viene, se sacan fotos, ríen… Como curiosidad decir que en un lugar de esta plaza se encuentra la estación más pequeña de Policía, que bien puede pasar desapercibida si no estas un poco atenta.

Neal’s Yard donde nada es gris y todo absolutamente todo tiene un color diferente, la placita con más vida que he visto nunca y un lugar un poco difícil de localizar. Aún recuerdo la pared imantada con un montón de imanes con los que poder crear una frase, núnca encontre la mía pero siempre que pasaba dejaba una nueva escrita.

Portobello, recorrer Portobello desde Notting Hill hasta el restaurante Galicia, entrar y mientras te tomas algo, tener la sensación de haber vuelto a casa, en su pequeña barra lo único que escuhas es como va el Celta, los nuevos fichajes del Real Madrid o la clasificación de la Champions, es difícil resistirse y no entrar en la conversación.

Covent Garden, un lugar en el que volver a sentirse niño, representaciones en cada esquina,música…es imposible dejar de mirar a uno y otro lado, en cada esquina encuentras algo que te hace sonreír. Camden Town, cuando lo visité por primera vez fue justo al día siguiente de mi llegada y no tiene nada que ver como estaba entonces a como esta ahora y sin embargo sigue teniendo ese punto diferente, original y único de entonces. Es, sin duda, el mejor lugar para perderte, es imposible llamar la atención da igual lo que lleves o con que decores tú cabello, nadie va a fijarse en ti.

Byron park y más tarde Cunningham park fueron “mis” parques, donde desconectaba de todo y volvia a casa cargada de buenas sensaciones y con la cabeza mucho más tranquila.

Londres se ha quedado con un pedacito de mí y yo me he quedado con el corazón lleno de experiencias, anécdotas, gente maravillosa, muchos recuerdos y un gran aprendizaje. No fue fácil en un comienzo, pero definitivamente fue una de las mejores decisiones que he tomado en la vida.

“Lo Saben Mis Zapatos”

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